Espectáculos

La temporada del Romea se inaugura con una coproducción con la compañía La Zaranda Teatro Inestable de Ninguna Parte. Con su último espectáculo Todo es Noche

La temporada del Romea se inaugura con una coproducción con la compañía La Zaranda Teatro Inestable de Ninguna Parte. Con su último espectáculo Todo es Noche, la compañía celebra sus 40 años sobre los escenarios.   

 Con la dirección  y escenografía de Paco de la Zaranda durante 90 minutos podemos compartir las vivencias de estos tres mendigos,  encarnados por Gaspar Campuzano, Enrique Bustos y Francisco Sánchez. El texto de  Eusebio Calonge narra sus invisibles experiencias, (Todo el que está en la Gloria y en la Luz mendiga, León Bloy).

Se volvieron invisibles, tan acostumbrados ya estamos a verlos, dormitando en los vestíbulos de las estaciones y aeropuertos, revolviendo en los contenedores de basura, haciendo cola en los comedores benéficos… Los vemos tan lejanos y apenas la cantidad de una mensualidad nos separa de ellos. Los arrojados por la borda de sus destinos, los náufragos en  la oscuridad de un mundo hostil. A veces en silencio cruzan nuestra consciencia, aunque los evitamos como el beso del leproso, porque su pobreza nos interpela ¿Quién cree que tiene algo para siempre?

Estos mendigos dejan sus huellas en las cenizas de la vida, conservan los rescoldos de una llama antigua, una furia ante el tiempo, que de alguna manera los entroniza,  reyes sin reino, el hombre desterrado entre basuras, sin más luz que la esperanza de una mirada desde el cielo. ¿Quién no ha mendigado algo alguna vez?

Liquidación de existencias, estas consagradas al teatro, consciente de que la noche se acerca, y que lejos de la complacencia, siguen desnudando su estilo de cualquier retórica, de cualquier ropaje estético, buscando pervivir en la tensión y el riesgo de la creación, que sigue reflexionando en lo que han sido sus constantes: las devastaciones del tiempo,  la crítica a la desertización espiritual, el escenario como asedio vivencial.

Aquí está el universo de una compañía, sus heridas y cicatrices, su desarbolada imaginaría, su  desgarrada voz, sus personajes desahuciados. Eco de liturgia, tintes esperpénticos y regusto de tragedia, un humor perturbador y un compromiso poético insobornable. Los pies en los clásicos y la mirada en el horizonte de nuevas formas de hablarle al alma de cada hombre.  Tradicionales y rupturistas, contradicción viva, contracorriente siempre, pasión de cuatro décadas por los escenarios del mundo: La Zaranda, teatro inestable de ninguna parte, cumple cuarenta años a lo hondo del tiempo.

Sònia Figuerola. Fotos: Gonzalo Mirón.